De la intimidad a la venganza del macho

Gracias a la modernidad, que va rompiendo las brechas que se mantenían con las distancias, se han estado gestando nuevas maneras de entablar intimidad en las relaciones: el sexting -derivada de sex y texting en inglés- ha sido una de ellas que, bien utilizada, basada en la confianza y el respeto, puede ser sumamente placentera. Sin embargo, también ha tenido una cara oscura al convertirse en otra forma más de violentarnos por parte del macho ardido.

Realmente no existe mucha información sobre cómo surge o una definición sólida avalada por x institución, eso no ha impedido que la PORNOVENGANZA se convierta en la pesadilla de muchas mujeres en diferentes partes del mundo. Pero ¿en qué consiste? Su nombre de alguna manera lo da a entender, pues se trata de exhibir con el uso de las tecnologías las fotografías íntimas, ya sea de desnudos o semi desnudos, de la pareja o ex pareja con la intención de vengarse de algo.

Existen algunos casos que si googleas “pornovenganza”, pueden ser leídos en periódicos de diferentes países; casos que no serían posibles si la cultura de la violación no existiera. La misma que nos enseña a sentir vergüenza por nuestro cuerpo y lo que deseemos hacer con él o, para las que no sentimos esa culpa, se tienen personas que se encargan de reducirnos y acosarnos hasta nuestro punto de quiebre.

Esta cultura nos educa en la idea de que como mujeres tenemos un dueño que si molestamos o decidimos terminar con la relación, merecemos ser castigadas. En una era en donde todo se publica para ser visto ¿qué mejor castigo que el linchiamiento 300en redes? Y parece que la sociedad no está entendiendo que nosotras, las mujeres, somos personas y por tanto merecemos respeto y parte de ese respeto es dejar en la intimidad lo que tiene que estar en la intimidad, aún cuando la relación afectiva/sexual ya no esté de por medio.

A raíz de esa falta de entendimiento, se crean campañas como la de Televisa, en las que, una vez más, se culpa a la víctima de un delito que no cometió; ya que no faltarán los comentarios como “qué puta”, “está mal lo que él hace, pero cuando envías eso pues esto puede pasar” o “muerte a la zorra, compartimos el pack” (entiéndase que ahora cuando lea la palabra pack en Facebook, se refiere a fotografías de desnudos, por supuesto de mujeres). Todo este combo machista va creando una red de violencia de género que, desafortunadamente, en muchos países no está catalogado como delito gracias a que no se puede probar con una publicación en línea quién es el victimario.

Seamos realistas, si la pornovenganza no es delito es por la misma cultura que nos culpa o gracias a la complicidad entre machos que se va tejiendo con la finalidad de salir impunes de sus agresiones. La pornovenganza no es más que otra útil herramienta para reprimirnos, violentarnos, encasillarnos en ciertas conductas, obligarnos a hacer/decir algo, amenazarnos, limitarnos y para justificar su falta de control emocional y tolerancia a la frustración porque ningún macho acepta un no de parte de nosotras. Pero ya va siendo hora de que nuestros NO resuenen y que las instituciones hagan algo al respecto legalmente contra este delito, o lo haremos nosotras.

Me he dado cuenta que no he terminado ninguna columna sin recordarte a ti, la hermana que esta leyendo esto, que no estás sola. Recuerda que somos manada y ninguna agresión machista se quedará sin respuesta. Esta no iba a ser la excepción.

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