Editorial septiembre-octubre 2018

En esta ocasión traemos a colación una reflexión bimestral que engloba distintas fechas relevantes desde nuestra mirada feminista. Esperamos que detenernos en estas ideas no sea sólo un ejercicio de recitar efemérides, sino que impulse a la toma de acción en los diferentes contextos tanto privados como públicos. Les invitamos a participar con sus comentarios sobre los propios puntos de vista, o con textos que profundicen en estos temas, los cuales publicaremos con gusto.

Así, retomamos el mes de septiembre y diferentes fechas relacionadas a la salud sexual y reproductiva que hoy en día sigue siendo una batalla que, como mujeres, no hemos librado todavía. El  Día Mundial de la Salud Sexual  nos recuerda que aún existen tabúes que impiden disfrutar de una salud plena: desde el asco que la menstruación aún provoca, el paternalismo de las instituciones cuando deseamos métodos anticonceptivos, la violencia obstétrica, hasta el desagrado que genera la lactancia e infinidad de prácticas naturales (literalmente naturales). Por eso invitamos a abrazar la ginecología natural como una forma de conectarnos de nuevo con nuestra cuerpa y hacer de este mundo un espacio más sustentable y más armónico entre nosotras y la naturaleza, de la que somos parte.

Otra de las cuestiones relacionadas a la salud sexual tiene que ver con dos fechas importantes del pasado mes de septimbre: el Día Nacional de los Derechos Políticos de la Mujer y el Día de Campaña para el Aborto Legal en Latinoamérica y el Caribe, lo que nos lleva a pensar en el Movimiento “Marea Verde” que comenzó en Argentina, pero que se ha extendido a otros países como México. Quizá muchas de ustedes participaron en las marchas que se llevaron a cabo en diferentes ciudades del país. A ustedes les decimos ¡GRACIAS!

Las argentinas nos inyectaron de fuerza y esperanza; las vimos debatir, marchar, escuchar los más estúpidos, moralistas y machistas argumentos sobre el aborto ilegal y después, las vimos llorar por la resolución final. El machismo dijo NO en el Senado. Sin embargo, la Marea Verde se expandió en Latinoamérica. Recordemos que el aborto legal en América Latina y el Caribe sólo existe en países como Cuba, Uruguay, Guyana, Guyana Francesa y Puerto Rico; en México, las mujeres podemos acceder a él de manera libre únicamente en la Ciudad de México. Hace unos días en el estado de Sinaloa, se aprobó una reforma antiaborto. Esto es un atentado del Estado directamente en contra de la vida de las mujeres; aún más cuando las manifestaciones por la despenalización y el acceso a un aborto libre, gratuito y seguro resuenan a nivel mundial. Estamos paradas frente a un Estado machista que no se esconde y tenemos que accionar de la misma manera para exigir que nuestros derechos sean garantizados.

Por otro lado, el tema de lxs cuerpxs nos lleva a pesar en la explotación sexual y el tráfico de mujeres y ñiñxs. En la editorial pasada reflexionamos cómo la esclavitud ha tomado nuevas máscaras para seguir existiendo y una de ellas es la trata de personas con fines de explotación sexual, y sobre el tema hay mucho que legislar, investigar y entender para reivindicar la libertad de nuextrxs cuerpxs, porque no son mercancía.

Y hablando de esclavitud, a principios del mes pasado, fue el Día Internacional de la Mujer Indígena en honor a la indígena peruana Bartolina Sisa, guerrera Aymara, quien luchó contra la dominación de conquistadores españoles. Como ella, generación tras generación miles de mujeres luchan y lucharon contra el esclavismo, el racismo y la colonización. Como mexicanas, reconocemos con orgullo nuestra herencia indígena, por ello nuestra sororidad total con quienes se dedican a la lucha cotidiana de vivir contra un sistema de represión transversal, mujeres que se dedican a cuidar y proteger a la Madre Tierra, que cuidan de sus comunidades y las organizan para la defensa de sus derechos humanos; también a quienes educan a sus comunidades; recordemos que aún hoy existen mujeres y niñas que no han recibido una educación, ya sea por la religión que profesan sus familias, por la cultura que existe en sus contextos o por cuestiones económicas en sus lugares de origen. Las mujeres y las niñas necesitan educación libre, laica y gratuita para tener más herramientas que les permitan cuestionar y eventualmente romper con la violencia de género estructural y transformar sus realidades con equidad y justicia de género.

Por otra parte, a mediados del mes pasado fue el Día Latinoamericano de la Imagen de la mujer en los medios y recientemente fuimos testigas de la popular noticia de Ariana Grande, quién fue acosada en un evento que estaba siendo visto por millones. La cobertura de los medios fue peor que espantosa, enfatizando la supuesta inapropiada vestimenta de la cantante, en vez del hecho de que un hombre, (nótese que, además era “pastor”) llamado Charles H. Ellis, envolvió su brazo en ella tocándole un seno, abusando así de la posición de poder que tenía en ese momento. Muchas veces hemos reflexionado en nuestras columnas sobre la cultura de la violación y justo la cobertura que se dio a este hecho es parte de dicha cultura, que minimizó el acto de acoso y abuso del pastor y puso el acento en la vestimenta de Ariana. Como dijo una mujer en Twitter: “Si eso le pasa a Ariana Grande ¿Qué nos podemos esperar las demás?”

El tema del poder y sus usos dentro del sistema patriarcal, nos lleva a pensar no sólo en esas violencias cotidianas y demandas del presente.

Volteándo la mirada al pasado, recordamos el 2 de octubre, una fecha inolvidable en México por ser el día en que el gobierno mexicano ordenó la matanza de estudiantes y testigues que se manifestaban pacíficamente en la Plaza de Tlatelolco contra la brutalidad policial en los campus universitarios de la Ciudad de México; era el año de 1968.

Esa matanza, que aún queda impune, es parte de lo que históricamente se conoce como “La Primavera del 68” donde jóvenes en Francia y Estados Unidos se opusieron, también, a la brutalidad policíaca que reprimió manifestaciones de jóvenes y obreros; mismes que también rechazaron la guerra de Vietnam y la intervención norteamericana en América Latina y el Caribe, y que unieron esfuerzos internacionalistas ante las independencias que se avecinaban en África. Ese año, 1968, permitió ver claramente la diversidad de causas como el ecologismo, la libertad sexual y el debate público de los métodos anticonceptivos; la educación igualitaria y los feminismos radicales. Dio pie a demandas como los derechos civiles en los Estados Unidos, la formación de las guerrillas marxistas en América Latina, inspiradas en la Revolución Cubana (1955), mientras que las izquierdas y grupos feministas en Europa se movilizaban contra el desarrollo nuclear y la cultura bélica. Fue un momento donde les jóvenes reclamaron una nueva moral y una nueva sexualidad; causas que se canalizaron en los feminismos, la ecología, la lucha contra el racismo y el pacifismo. Aunque ese periodo transformó ideas y valores, no cambió el poder y el sistema a favor de las causas libertarias.

Es por ello que este mes de octubre, en Feminopraxis traemos esta memoria histórica para unirnos a las demandas del cese a la brutalidad policíaca y militar que atraviesa no solo territorios geofráficos, sino también nuestros cuerpos humanos en nombre de las guerras e intervenciones. Es por ello que el 2 de octubre de cada año es reservado como Día Internacional de la No Violencia, y en el caso del Reino Unido, todo el mes de octubre es Black History Month con un fuerte sentido antiracista y decolonial. En este contexto de lucha y resistencia, reconocemos la labor de les docentxs que salen a las calles acompañando a sus alumnes como compañeres para transformar las sociedades, aún cuando la docencia pasa por grandes retos de austeridad e incumplimiento de derechos laborales. ¡El 5 de octubre les reconocemos, profesorxs!

Por otro lado, no queremos dejar pasar el Día Mundial de la Salud Mental (10 de octubre). Este es un tema a reflexionar: desde cómo nos afectan los roles de género, las labores domésticas, los cuidados, las profesiones, el empleo, los valores y mandatos sociales y el crecimiento acelerado de prácticas individualistas neoliberales, hasta pensar cómo nuestra salud mental se ve deteriorada si somos mujeres migrantes, transexuales, lesbianas, trabajadoras sexuales, sobrevivientes de violencia doméstica o violencia sexual; si somos mujeres afrodescendientes, indígenas, discapacitadas, y por ello vivimos discriminación o exclusión y un largo etcétera. Invitamos a la comunidad que nos sigue a pensar en todas estas intersecciones identitarias y cómo se puede conectar el tema de la salud mental con las personas adultas mayores (1 de octubre, Día Internacional de las Personas de Edad), con las niñas (11 de octubre Día Internacional de la Niña), con las mujeres rurales (15 de octubre, Día Internacional de las Mujeres Rurales), y las luchadoras sociales contra la gentrificación (31 de octubre, Día Internacional de las ciudades) y el abuso de los espacios donde los hábitats naturales están en peligro de extinción (1 de octubre, Día Mundial del Hábitat).

También creemos que tenemos responsabilidades compartidas para lograr un mundo más justo y sostenible donde seamos educadas y eduquemos a las siguientes generaciones en cómo aportar información y prácticas para el desarrollo sostenible y respetuoso de las diferentes cosmovisiones, cuestionémonos las ideas de “desarrollo y bienestar” desde las perspectivas capitalistas y occidentales, exijamos también a los gobiernos leyes y presupuestos en estos temas (24 de octubre, Día Mundial de Información sobre el desarrollo 16 y 17 de octubre, Día Mundial de la Alimentación; Día Mundial para la erradicación de la pobreza).

Finalmente queremos animar a artistas y creadoras que quieran escribir o recuperar materiales para nuestro empoderamiento colectivo, que nos hablen de causas y luchas de mujeres que dejaron un legado en la música, el cine, la televisión o medios audiovisuales para celebrarles el 27 de octubre, Día Mundial del Patrimonio Audiovisual. ¡Esperamos sus colaboraciones para seguir llenando las redes de voces feministas!

-Feminopraxis

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