Adiós al vínculo discursivo entre ambxs

Por: Emely Arroyo*

En los últimos días he pensado bastante en mi relación sexo-afectiva pasada, creo que ya no tengo resentimiento (según). Pero no es cierto, me caché algo importante, me molesta mucho que desde que se terminó la relación yo llamé a la persona “exnovio” y creé una representación de éste. De repente se borró (¿o borré?) su nombre y ya no era más el ser que conocí, lo convertí en uno espectral que indudablemente estaba atado a mí sin estarlo.

Durante la relación pocas veces lo llamé novio y rara vez le agregué la palabra “mi”. No fue caprichoso sino que lo reflexioné a partir de un posicionamiento político por lo siguiente: 1) una etiqueta no va a definir quién es esa persona en mi vida, 2) llamar novio a alguien pienso que es borrar su nombre, su existencia fuera de una relación, 3) la palabra novio carga una serie de estereotipos reforzados por la ideología heteropatriarcal, y 4) añadir la palabra “mi” antes de “novio” es una forma poseer, por medio del lenguaje, a la persona que se enuncia. 

¿Por qué entonces ahora llamarlo “mi exnovio” si ni siquiera me gustaba llamarlo “mi novio”?

Este asunto me parece problemático y me causa malestar porque cuando menciono cualquier cosa sobre él (así, sin decir su nombre o utilizando la etiqueta) me acuerdo de su papel en “mi historia” y parece girar todo entorno a ello. Lo anterior, sospecho tras sobrepensar, refuerza en mi psique una estructura emocional que no quiero tener. Ya estuvo, no creo nada de eso, es un proceso inconsciente que tengo que frenar.

Reducirlo a “exnovio” es depositar una serie de elementos simbólicos sobre un pasado (deformado) por recuerdos fragmentados. Si quiero respetar a la persona debo llamarla por su nombre y así reconocer su existencia más allá de la relación que tuvimos. Llegué a un punto donde ya no quiero alimentar esa historia construida por relaciones de poder, quiero verle como un ser que (co)existe en el mismo mundo y que es independiente.

Por todo lo anterior, me pronuncio así: No es “mi ex”. No es un “ex”. No es algo “de mí”. Me vale el consenso social, el pragmatismo y el romanticismo. Se llama como se llama y es importante más allá de la relación afectiva que tuvimos. Adiós al último “vínculo” discursivo que quedaba entre ambxs. 

– Escrito desde las entrañas, el 28 de julio de 2020.


  • *Emely Arroyo. Egresada de la Lic. en Ciencias de la Comunicación de la UABC; inconforme con la carrera está buscando rumbo en la psicología y los estudios feministas. Constantemente quiere dejar de ser “ella” por su desbordante sensibilidad y por ello apuesta por la (auto)compasión, el diálogo, la congruencia y autocrítica cotidiana. Le gusta la cinematografía y tiene gran devoción por la directora Agnès Varda.
  • Contacto: emelyarroyoe@gmail.com

El crédito de la pintura es: Essam Marouf Tutt’Art, 1958.

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