Declaratoria de principios sobre personas trans

Por Antígona Segura*

Nota de la autora:

Este escrito es una declaración personal que sirve como guía ética para mis acciones como activista y académica. Fue publicado originalmente en mis redes sociales y editado ligeramente para esta publicación sin que se modifique su espíritu original.

Este escrito no es un análisis exhaustivo sobre las personas trans, su impacto y presencia en el feminismo, así como tampoco pretende abarcar de manera absoluta los argumentos en contra de las personas trans. Hay palabras que no uso, como “cis” y “género”, no porque desconozca su significado sino porque no son necesarias para establecer mi postura.

Me formé como física y astrónoma y trabajo en una ciencia multidisciplinaria que es la astrobiología. La filosofía, así como las humanidades y ciencias sociales no son mi área de investigación. He aprendido de estas áreas leyendo y escuchando a colegas expertas, sin embargo, reconozco que esto no me es suficiente para hacer un análisis profundo desde estos saberes.

Este escrito fue hecho a partir de las herramientas que me da mi entrenamiento como científica, el reconocimiento a mis dudas y sentimientos y el valor que tienen para la forma en la que miro y respondo al mundo, así como la convicción de que las conductas éticas son aquellas que evitan el sufrimiento innecesario para otras personas.

Declaración de principios

Llegué hace poquito al feminismo y, a pesar de tener amigas feministas, ignoré por mucho tiempo sus saberes. Finalmente me topé con las lesbianas feministas. En ese ambiente aprendí del separatismo, la lesbiandad como postura política, el heteropatriarcado como imposición social y económica y, por primera vez en mi vida, tuve contacto con personas trans. Fui leyendo sobre las diferentes posturas feministas, agregando a mujeres que se denominaban feministas a mis redes sociales y fui aprendiendo de las lecturas y también de todas ustedes. Me nombré lesbiana y feminista. De los muchos debates que hemos tenido en esta comunidad hay uno sobre el que nunca me he pronunciado. Lo haré hoy.

Yo no entendía nada sobre las personas trans, incluso ignoraba su existencia, al principio eso no pareció relevante, parecía que todas podíamos compartir espacios sin mayor problema. Luego supe de las lesboterroristas, la denominación TERF y comencé a leerlas. Llevo años aceptando en mis círculos virtuales y personales a mujeres que rechazan de sus espacios o hacen críticas a lo trans o que simplemente van a opinar a los muros de mis amigas, al respecto de las personas trans. Como no entendía nada, me quedé callada. Leí desde análisis sobre la materialidad del sexo, la abolición del género y la anulación de identidades históricas hasta insultos, amenazas y acusaciones.

Fue en realidad la experiencia de una persona muy cercana a mí lo que me llevó a empatizar con personas cuya experiencia me era totalmente ajena. Escuchar a esa persona y la experiencia de otras personas trans ha sido un trabajo arduo contra mi propia transfobia y mis ideas preconcebidas. Me ha llevado años llegar a esto que escribo ahora.

Si ya se aburrieron se los digo de una vez. Las personas trans tienen derecho a su identidad y las agresiones hacia ellas, en la forma que sea, refuerzan la estructura que las discrimina y es por lo tanto una violación a sus derechos humanos. Y pueden saltarse al punto 11 para leer sobre mi postura sobre el término TERF, y al final para mi postura sobre la violación de los derechos a las personas trans.

Ahora les desmenuzo de dónde sale mi conclusión, porque sí, las he leído y tengo una muestra amplia de sus argumentos.

1) El sexo biológico: el sexo biológico en los seres humanos es un continuo determinado por un conjunto de componentes (hormonas y genética en particular, pero no exclusivamente). La binariedad es un mito construido desde la ciencia patriarcal que a la luz de lo que sabemos hoy en día, no tiene sustento alguno en la biología (un buen resumen pueden leerlo en Ainsworth, C. (2015). Sex redefined. Nature, 518(7539), 288). Claro que dirán que la categoría sí tiene fundamento biológico y de ahí nuestra opresión. Bueno, está fundamentada en UNA característica sexual, o sea en aquello de la biología que se acomoda a la visión patriarcal binaria.

2) ¿Qué es “mujer”? He visto cómo avientan esta pregunta una y otra vez con la seguridad de que quien opina no la va a contestar porque no hay un acuerdo al respecto y eso que grandes pensadoras se han metido en el tema. Así que es de principio una trampa retórica que funciona de manera curiosa. Como no lo puedes definir, entonces vamos a admitir aquello por lo que se nos define desde la dualidad patriarcal, vulva = mujer, pene = hombre. La premisa siguiente es que cualquier cosa que no incluya esa equivalencia, borra entonces a la categoría completa.

3) Definiciones y categorías: en ciencia cuando no podemos definir algo (por ejemplo, la vida no tiene una definición), lo categorizamos y describimos. Así, hay organismos eucariontes y procariontes, en términos de clasificación, y en términos de descripción, la vida se reproduce y metaboliza. De vez en cuando encontramos cosas que no estaban clasificadas y pues nos inventamos un nombre y las incluimos en lo que llamamos “vida”, sin necesidad de una definición. Tampoco tenemos una definición para “Mujer” pero es una categoría que existe y nos queda muy claro que nuestras opresiones son reales. En términos de opresiones, violencias y discriminación, la categoría tiene subconjuntos y se intersecta con otras categorías, en particular, las raciales (que tampoco tienen sustento biológico). De esta manera, no es lo mismo ser mujer negra que indígena o blanca. Ninguna de esas intersecciones niega a la categoría “mujer”, por el contrario, la amplían y es útil para el feminismo porque nos hace evidente que las realidades de las mujeres no son las mismas y no hay un feminismo para todas. Además, nos deja claro cómo ciertos grupos de la categoría mujer ejercemos violencias sobre otras, por ejemplo, las blancas/blanquizadas contribuimos a la marginalización de las mujeres racializadas. Ampliar una categoría no es borrarla. Es un miedo válido pensarlo, pero infundado.

4) La anulación de las mujeres: este argumento sostiene que incluir personas que nacieron con pene en la categoría mujeres es una forma de borrar a las que nacimos con vulva. Pongamos un ejemplo en particular, el término “personas gestantes”. Este es importante porque incide en políticas públicas y en el combate a la violencia obstétrica. Nosotras queremos ser nombradas (yo incluida) de manera que quiero que se nombre a las “mujeres embarazadas”, así con esas palabras. Sin embargo, esto implicaría que hay categorías no nombradas, en este ejemplo: hombres trans y personas no binarias. Esas personas tienen tanto derecho a ser incluidas en esas políticas públicas como yo. Así que podemos mencionar a todas y hablar de mujeres embarazadas y personas gestantes. Se amplía, sí, se borra a alguien, no.

5) Las niñas prostituidas y la ablación femenina. Este es uno de los chantajes más horribles que he leído. Decir que la inclusión de las mujeres trans en la categoría mujer es despreciar el sufrimiento de estas niñas. Este argumento es una falacia, primero porque la vulva sigue siendo parte de la categoría mujer con o sin mujeres trans y, segundo, porque todos los insultos, desprecio o profundos análisis sobre lo trans no ayudan en nada a esas niñas. En nada. En cambio, sí contribuyen a la discriminación de un grupo de seres humanos.

6) ¿Qué es ser trans?  Esa es otra trampa retórica. Lo es porque se le exige la explicación a las personas no trans o se hacen de sus propias explicaciones sin haber escuchado jamás con atención a las propias personas trans. Yo me tomé ese tiempo y confieso que entiendo poco y que esa ignorancia no me da derecho a desdeñar su experiencia. Entiendo que es su cuerpo mismo el que se sabe del sexo contrario al que le fue asignado al nacer. Que no es un disfraz, ni una burla basada en estereotipos de género, sino una identidad real que no es una ocurrencia sino una experiencia compleja y dolorosa. No hace falta entenderlo del todo para ser empáticas y respetarlas. Los hombres que se visten de mujer para burlarse de nosotras son eso, hombres burlándose de nosotras y no entran en la categoría de las personas trans.

7) Las mujeres trans fueron socializadas como hombres: Socialización no es destino, si así fuera las mujeres jamás nos habríamos revelado e iniciado el movimiento feminista. Podría pensarse que no es lo mismo cuando la socialización te da privilegios, pero la experiencia trans es muy compleja para lanzar estas generalizaciones (si les leyeran o escucharan se darían cuenta), una prueba de ello es que en México el 65% los hombres trans se encuentran en educación universitaria mientras que solo el 33% de mujeres trans se encuentran en este mismo nivel educativo. En el caso del nivel preparatoria, mientras que el 25.9% de los hombres trans han concluido, apenas el 5% de mujeres trans se encuentra en la misma situación. (Resultados de la Encuesta Nacional sobre Discriminación y Juventudes LGBTI. YAAJ y CNDH., 2016). Si las mujeres trans son socializadas como hombres, ¿por qué sus niveles de escolaridad son más bajos que los de los hombres trans?

8) Las personas trans son violentas: esta aseveración viene de decir que las mujeres trans fueron socializadas como hombres y ya sabemos que esa categoría es a la que se le ha dado el derecho a la violencia. Para demostrarlo hay capturas de conversaciones, comentarios, tuits y artículos de periódico que muestran la violencia de las personas trans. La cuestión es que sus anécdotas y capturas no pueden demostrar que las mujeres estemos más amenazadas por ellas que por quienes pertenecen a la categoría hombre. Podemos pensar en ejemplos contundentes de violencias, como en los tiroteos a un grupo de personas y que los perpetradores resultan ser siempre hombres blancos. Ninguno trans, ninguno racializado. El que haya personas violentas en una comunidad (y las hay en todas, no se hagan) no califica a esa comunidad de violenta, a menos que, como en el caso de la categoría hombre, haya un pacto social donde se les otorga el uso de la violencia, cosa que no pasa con las personas trans a las que ni siquiera se les reconoce como identidad. Y también, reconozcamos que ante los continuos ataques que ha sufrido la población trans ¿qué esperan? ¿Hasta cuándo creen que podemos continuar violentando a un grupo sin que éste se rebele? Pantallazos con amenazas, por cierto, he visto de ambos lados. Pero no se trata de eso, es válido excluir a personajes violentos de nuestros espacios independientemente de la identidad sexogenérica de la persona, pero fundamentar la exclusión de todo un grupo en un miedo construido por casos aislados y armar campañas continuas para desconocer las identidades trans es una respuesta que se convierte en una violación a sus derechos humanos. (Vuelvo en el punto 11 a los espacios excluyentes).

9) Adorapenes: aquí hay de dos sopas, o defiendes vulvas o adoras penes. Esa es una visión reduccionista que supone que reconocer los derechos humanos de las personas trans se contrapone a defender los derechos de las personas con vulva de la categoría mujeres. Reconocer la identidad de las personas trans ni siquiera me hace activista trans pues más allá de firmar peticiones para exigir justicia por los transfeminicidios, nunca he participado en sus actividades o trabajado activamente por sus derechos. Mi lucha está con las mujeres en las ciencias y la academia porque ese es mi círculo de acción directa y en ese sentido lo priorizo sobre otras luchas, sin negar intersecciones particulares como las lesbianas y mujeres racializadas. De esa misma forma, otras eligen a las mujeres migrantes, indígenas, a las de su comunidad o las mujeres trans. Finalmente, hay suficientes mujeres para incidir en muchos espacios sin necesidad de reclamarnos unas a otras por qué estás luchando allá y no aquí. Y luego hay causas comunes, como el derecho al aborto o los feminicidios, donde todas nos sentimos aludidas y necesitamos la fuerza de todas para que nuestros derechos sean respetados.

10) Y el premio a la categoría más oprimida va para…: Nadie, a menos que seas hombre blanco heterosexual, de ahí en fuera estas competencias son absurdas. Las personas trans viven opresiones, violencias y discriminación. Hay toneladas de evidencias al respecto; si necesitan más léanse este documento: “La situación de acceso a derechos de las personas trans en México: problemáticas y propuestas”. Reconocer eso NO niega que las personas con vulva en la categoría mujeres también vivimos opresiones, violencias y discriminación. Se vale que no queramos luchar para erradicar las opresiones que viven otras personas, lo que no se vale es contribuir a la discriminación de otros grupos con el pretexto de que yo estoy más oprimida.

11) TERF (Trans-Exclusionary Radical Feminist): independientemente de lo que yo piense del término me queda claro que hay un grupo de mujeres que viven estas siglas como un insulto patriarcal. Respeto eso y no voy a usar ese término. Reconozco además que elegimos espacios en los que nos sentimos cómodas, eso lo hacemos ya sea de forma consiente o no, cuando elegimos aliadas de lucha, trabajo y amistades. Es nuestro derecho elegir o construir esos espacios cómodos para nosotras, pero no tenemos derecho a exigirles a otras a quién incluir o excluir en sus espacios.

12) Es que ya todo es transfobia: nuestra sociedad es, entre otras cosas, racista, clasista, adultocéntrica, capacitista, misógina, lesbofóbica, homofóbica y transfóbica. Así que, si jamás te cuestionas alguna de esas cosas pues sí, sigues reproduciendo esa violencia estructural, aunque no necesariamente te beneficies siempre de esa estructura. Incluso reconocer esa violencia tampoco te inocula para dejarla de reproducir, se trata de un trabajo continuo. Tener dudas sobre las identidades trans es válido; convertir tus dudas en aseveraciones simplistas tipo “son machos con falda”, despreciarlas porque reproducen los estereotipos de género como si fuera su obligación romper con todo, es transfobia. Porque contribuye a la negación de su identidad y por lo tanto a la violencia estructural que las oprime, discrimina y asesina.

13) Las mujeres trans están ocupando nuestro lugar: la población trans es una minoría ¿qué tan minoría? Pues no tenemos idea, a ese grado está despreciada la comunidad trans. Las personas trans no ocupan nuestros lugares, así como las mujeres no ocupamos los lugares de los hombres y las lesbianas no ocupamos los lugares de las heteras. Se trata de ocupar los lugares que nos han sido históricamente negados y en los que tenemos derecho a estar y eso va igual para las mujeres trans y las que no lo somos.

Yo no vine al feminismo a pisotear los derechos de nadie y no considero que una minoría oprimida es mi enemiga. Tampoco voy a convertir mi miedo y mi ignorancia en una elegante y profunda racionalización. Vengo al feminismo desde la empatía y no condono la violencia. Eso incluye a las mujeres que violentan a otras mujeres o a poblaciones vulneradas, llámense infancias, personas racializadas o personas trans. Así que voy a seguir trabajando por dejar las prácticas que reproducen las violencias estructurales y construir espacios personales, virtuales y profesionales libres de violencias.


Antígona Segura es científica, lesbiana y amante de los dulces de tamarindo, de la ciencia ficción y de bailar salsa por horas. Trabaja activamente por erradicar las violencias que expulsan a las mujeres de las ciencias y la academia.

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