Extranjera en mi propio territorio, o hablemos de códigos.

*Por Alba Castilla

Seguramente os parezca raro el título de esta pieza, ¿cómo puede ser una extraña, extranjera en su propio territorio? Especialmente cuando el estado Español utiliza el ius sanguinis para otorgar la nacionalidad, si mis adres son les dos españoles, ¿no seré española yo también? Y así es, poseo dicha nacionalidad desde mi nacimiento, sin embargo hay otra forma de convertirse en extranjera, en extraña; realizar un tránsito.


¿Qué a qué me refiero? Como mujer trans travesti, es decir soy una mujer disfrazada de hombre que se viste de mujer (por citar a la Terremoto de Alcorcón) habito ahora un mundo, que pese a ser, por derecho, mío, me es extraño y yo soy extraña a él. 

Soy una extraña en este mundo, una extranjera, porque vengo de fuera, vengo de un mundo de hombres donde se habla un “lenguaje de hombres” se juegan a “juegos de hombres” y se realizan “acciones de hombres”. Sin embargo, yo no soy un hombre, por lo tanto no sólo se me ha educado en un lenguaje y costumbres que no son mías, si no que se me ha privado de aprender mi propio lenguaje.

Bueno, miento, siempre estuvieron las amigas, donde compartíamos un lenguaje común, casi clandestino, al margen de la hombredad que me fue asignada, pero nunca era suficiente, y nunca era lo mismo, ya que al fin y al cabo con casi todas las personas (salvando honrosas excepciones) yo seguía siendo un hombre, un hombre raro quizás, pero hombre al fin y al cabo.

Y ser hombre, o que se te lea como tal aunque no lo seas, conlleva que se apliquen sobre ti una serie de códigos de conductas, que se discrimine qué es apropiado o no para ti, que las mismas acciones tengan resultados diferentes léaseme como hombre o como mujer.

Así que aquí estoy yo, con casi treinta años aprendiendo, gateando, a explorar un mundo que siempre había sido mío pero hasta ahora nunca había podido habitar, un mundo donde a la vez sé y no sé cómo puedo comportarme, porque amigues, la comunicación la hacemos entre varies.

Yo sóla no puedo dar significado a mis palabras o acciones, otra persona las ha de interpretar y el resultado de cualquiera de ellas cambia según el marco que se me aplique. ¿Soy un hombre cishetero que lleva vestidos para tí? ¿Soy quizás una marika? ¿Una no mujer? ¿Una mujer?

Cómo me comporto si no sé como se me va a leer, si no sé si la comunicación que yo emito es recogida de la forma, con el entendimiento, que en mi cabeza esperaba. Y añadidle que aún estoy aprendiendo a comunicarme para que, si me permitís la metáfora, una se sienta como que está caminando por una cuerda floja, donde nunca se sabe qué se va a entender cuando hablo, ni cómo se va a entender.

Si explico cosas ¿es mansplaining? Eso me lleva a tener que poner calificativos a todo lo que digo, a hacerme la insegura o la ignorante para no parecer un señor que explica cosas. ¿Y si hablo? ¿Hablo desde dentro o desde fuera? Porque yo considero que estoy hablando desde mí, desde mi posición en el mundo, pero si no se respeta mi identidad, ¿cómo me comunico? ¿Cómo me comunico desde el limbo que supone no saber si soy un hombre, un no-hombre, una mujer o una no-mujer?

¿Acaso no soy yo también una mujer? ¿Por qué tengo que modificar mi cuerpo para que se me trate como la persona que soy? Entiendo que mi fisionomía tiene una deuda, tanto personal como histórica, con las demás mujeres, ¿pero no es suficiente llevar vestidos? ¿Cuántos hombres habéis visto que lleven vestidos en serio, a diario? Yo, siendo sincera y fuera de carnaval a ninguno.

Me gustaría tener ese beneficio de la duda porque es obvio que conductas machistas y de hombre se han pegado a mí durante mi educación, al fin y al cabo me educaron para ser un hombre, aunque yo no quisiera, aunque yo no supiera que no quería, pero me gustaría tener el beneficio de la duda, ya que ninguna estamos libres de patriarcado y de conductas patriarcales. Al fin  y al cabo el patriarcado permea todo como una toxina que envilece las relaciones sociales, todes hemos tenido que deconstruir conductas derivadas de él.

Y sé que es difícil otorgar el beneficio de la duda a alguien que parece un varón, lo sé por experiencia propia, yo misma lo he hecho y he salido escaldada, he sido agredida por confiar en las intenciones y palabras de un hombre, entiendo que haya cierta reticencia, ¿pero de verdad alguien cree que nadie va a hacerse pasar por mujer si en realidad es un hombre? ¿Qué hay personas dispuestas a soportar la discriminación, el no entendimiento, el estigma que acarrea y del que hablaba en mi interior pieza? Y, ¿para qué? ¿Para ir a asambleas? ¿Para sentirse especial? ¿De verdad creéis que cualquier macho se va a pronunciar mujer con la pérdida de privilegios que eso implica? Yo creo que no.

Y por esto considero imperativo respetar las identidades sentidas, quiénes somos, de las personas trans, y por eso es de la más alta urgencia no sólo aprobar una ley trans de mínimos, porque es de mínimos, que nos permita reconocimiento administrativo a todes aquelles que tengamos la suerte de haber nacido en este trocito de tierra o de adres que hicieron lo mismo; a todes aquelles a les que se nos considere lo suficientemente cuerdes como para decidir quiénes somos y cómo queremos vivir nuestra vida. A mi no me parece sificiente.No podemos dejar fuera a les compañeras migrantes o psiquiatrizades, todes deberían poder ampararse de esta ley, y no sólo eso, es hora de que el estado empiece a efectuar reparaciones hacia la comunidad trans*/travesti. Una ley llena de buenas intenciones que luego no tenga desarrollo no es suficiente.

Porque una ley no va a cambiar nada, la pedagogía podrá, quizás cambiar el marco disyuntivo en el que nos encontramos, donde la mitad de los ciudadanos hablan un lenguaje y la otra mitad de ciudadanas hablan uno distinto. Eduquemos en igualdad, pero en igualdad de verdad. Y acojamos a las personas que se atreven a realizar este tránsito, que sí, yo soy consciente que destaco como un chaleco fluorescente, pero no me lo recordéis, dejadme ser una más, dejadme comportarme como una más, sin trampas, sin juegos, sin tapujos ni rodeos, sin justificaciones. Al fin y al cabo yo os creo sororas, ¿me creéis vosotras a mí?

*Me llamo Alba y soy transitante del género, aficionada a llevar vestidos y transfeminista en ciernes, aficionada a pensar y a escribir es la primera vez que doy el paso de compartir algo mío. Ilusionada con un mundo sin géneros ni disputas.

** Los derechos de la imagen son de Yuta Onoda.

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